Esta frase fue utilizada por Sara Herranz para describir la sociedad actual en la que los y las jóvenes estudian, se forman de manera práctica, realizan másteres, trabajan las habilidades sociales, aprenden idiomas... Sin embargo, siguen sin poder trabajar en lo que realmente quieren, no consiguen un trabajo estable, no pueden desarrollarse profesionalmente e incluso, no pueden llegar a tener una vida adulta independiente económicamente hablando.
Sin duda todo esto afecta de forma personal y los alumnos y alumnas que se encuentran en niveles de primaria o secundaria obligatoria pueden llegar a sentir una gran desmotivación, pues creen que no van a tener el futuro que desean. De aquí la gran importancia del papel del orientador u orientadora, ya que debe conocer al alumnado para poder explicarle todas las opciones por las que puede optar y asesorarles en aquellas que se adecuen más a sus necesidades, preferencias, etcétera.
El orientador/a es el responsable de acompañar al alumnado y, sin duda, es una figura de cambio escolar. Para ello, debe trabajar con el equipo directivo, con el profesorado y con el alumnado. La participación con el profesorado es igual de importante que trabajar con el alumnado de forma directa, ya que van a dar apoyo al profesorado para que mejoren los procesos de enseñanza y el ambiente en el aula. La persona orientadora deberá trabajar con el profesorado para que sean figuras de apoyo en el proceso de toma de decisiones y para que motiven al alumnado.Trabajando con el alumnado de forma directa podrán impulsarle en sus planes profesionales y su desarrollo personal.
Nunca hay que olvidar que la orientación es un proceso continuo de guía que se da a lo largo de la vida y que, en relación al título, debe conseguir un prospero desarrollo de las personas para que lleguen a conseguir aquello que se propongan.

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